lunes, 12 de noviembre de 2012

ANNA AMAJTOVA


Anna Andréyevna Górenko (Anna Amájtova) nació el 11 de junio de 1889 en Odessa, hija de una noble familia de origen tártaro.
Estudió derecho, latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Allí se casó con Nikolái Gumiliov en 1910, poeta famoso, promotor del acmeísmo, corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX .Sus primeros escritos reflejan la gran soledad en la que se verá sumergida años más tarde, después de las trágicas consecuencias de la revolución rusa de 1917. Tras ésta, Anna se verá afectada ya que en 1921 su primer marido Nikolái Gumiliov, fue acusado de conspiración y fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia. Y su último marido, Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración en 1938. Los poemas de Anna se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. Por temor a que fusilaran a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944 pudo regresar con su hijo a Leningrado .Allí comenzó a ganarse la vida traduciendo a Leopardi y publicando ensayos, incluyendo brillantes ensayos de Aleksandr Pushkin, en periódicos escolares. Todos sus amigos emigraron o fueron reprimidos.En 1945 el joven intelectual británico Isaiah Berlin quiso visitarla antes de regresar a Londres. Ese encuentro se prolongó durante veinte horas donde Anna le leyó sus poemas y se sinceró con él, pero esto tuvo trágicas consecuencias ya que su hijo volvió a ser encarcelado durante diez años. Esta vez la escritora se negó a silenciar su voz y siguió adelante con su poemario más importante, Réquiem, ahí explica que en aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro. El libro fue publicado sin su consentimiento y conocimiento en 1963 en Múnich.

                                                  
    Esto pasó cuando apenas sonreía
el difunto, sosegado en su paz,
y como un inútil emblema colgaba
con sus cárceles Leningrado.
Y cuando locos del tormento
caminaban en cuadrillas los condenados,
y los silbidos de las locomotoras
cantaban lacónicas canciones de despida.

Las estrellas de la muerte se alzaban,
y la inocente Rusia se retorcía de dolores
bajo las botas salpicadas de sangre
y las ruedas de negras furgonetas.
Al alba te llevaron,
fui tras de ti como en un entierro,
en la cámara oscura lloraban los niños,
y ante el santuario la vela se derretía.

En tus labios el frío del icono.
Sudor de muerte en la frente… ¡no lo olvido!
Como las mujeres de Streltsy
aullaré bajo las torres del Kremlin.

Diecisiete meses de clamar,
a la casa te convoco,
a los pies del verdugo me he arrojado,
mi hijo y mi horror.
Todo se ha dañado para siempre
y ahora no puedo discernir
quién es la bestia y quién el hombre,
ni cuanto he de esperar para la ejecución.
Y sólo las bellas flores,
el incienso, las campanas
y las huellas en algún lugar de la nada.
Y una enorme estrella me mira
firmemente a los ojos y con una muerte
inminente me amenaza.

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